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Historia
/ De los orígenes a la Edad Media
El
origen de El Molar no se conoce con exactitud. Los yacimientos
arqueológicos detectados en el término
son escasos y todos ellos corresponden a distintos momentos
de la Edad Media. La ausencia de testimonios de otros
periodos culturales se debe sin duda a la falta de prospecciones
, ya que existen indicios en las fuentes documentales
y referencias que apuntan al menos al paso de Anibal
por estas tierras, al igual que quedan documentadas
la existencia de varias atalayas de su red de comunicaciones
que, posteriormente, fueron reconstruidas en época
de la dominación árabe.
Es por ello que nos basamos principalmente en conjeturas,
pero, lo que parece casi seguro, es que los primeros
moradores de la zona debieron ser de origen celtíbero,
pues un enterramiento hallado en los Tintos de un hombre
en posición fetal dentro de una vasija rodeado
de su ajuar funerario, así lo atestigua.
Del periodo de la Edad Media, quedan aún más
restos. Se tiene referencia, por las fuentes, de una
atalaya, enclavada en la antigua carretera de Francia
entre El Molar y San Agustín del Guadalix, hoy
desaparecida siendo usado el lugar como punto geodésico.
En el siglo VIII había
formadas ya cuatro aldeas en lo que hoy abarca el municipio.
Éstas eran Aristón, Casas Viejas, Valdelarría,
y la denominada Mola o el Molar y se cree que los fundadores
de estas aldeas fueron pastores Segovianos. Ya en el
siglo XII destaca Mola por su estratégica ubicación
entre un cruce de caminos y flanqueada por cuatro cerros.
Como
prácticamente la totalidad de la península
Ibérica, el Molar fue ocupado por los árabes.
Quedan testimonios de la etapa emiral, pues formaba
parte de la llamada Marca media del Tajo, y estos constituyen
una serie de pajares en diferentes despoblados, como
el del Cerro o el de los Ardales. También quedan
restos de la ocupación mudéjar, que están
documentados en el recuento realizado por el Conde de
Salazar de los moriscos castellanos a su paso por Burgos.
La citada población, tenía un fuerte carácter
rural y agrícola, dedicándose principalmente
a la explotación de la tierra.
Después de la Reconquista
y la posterior repoblación en época de
ALFONSO VI en 1085, el Molar pasa a pertenecer a Talamanca
y con ella al Arzobispado de Toledo. Desde entonces
se acepta una nueva nomenclatura toponímica,
derivada de su situación geográfica, como
es el caso de Valdepiélagos, Valdetorres, que
derivan de valle o el Molar, que deriva de Mola.
Historia
/ Siglos XVI, XVII, XVIII
El
Molar dependió de la cercana Talamanca hasta
1564, fecha en que Felipe II le concedió el Villazgo
a Don Antonio de Equino y Zubiarre y su esposa, naturales
de Azcoitia, Guipuzcoa. Tres años después
se efectuó el deslinde del territorio entre Talamanca,
El Vellón y Valdetorres.
Sus vecinos debieron dedicarse
con esmero a la agricultura de cereales y a la ganadería,
como habían hecho hasta entonces. De su trama
urbana podemos decir que era de corte medieval. Debía
estar centrada en un núcleo formado por una Iglesia
y las dependencias de los señores del lugar.
No quedan restos de aquellos, pero debieron ser de factura
gótica de transición al Renacimiento,
pues datan de 1597.
La ubicación Geográfica
de El Molar junto al antiguo camino de Francia, fue
causa de numerosos acontecimientos históricos
que marcaron el futuro de la población; en Enero
de 1710 los ejércitos Ingleses del Archiduque
de Carlos de Austria, arrasan la villa en su marcha
hacia Madrid.
Tampoco quedan evidencias
significativas de la villa a lo largo del siglo XVII.
Es por tanto de suponer que no existieron grandes cambios.
Pero, el siglo XVIII nos ha dejado
diversos documentos que permiten seguir el devenir del
pueblo durante ese periodo.
En 1753, en el catastro del Marqués de la Ensenada,
El Molar pertenecía al señorío
de Veroiz, integrado en la provincia de Guadalajara.
El casco urbano estaba integrado por la plaza principal,
formando grandes manzanas escasamente edificadas. Algunas
de aquellas casas aún perduran. Se conservan
también las llamadas Cuevas del Vino, que ya
entonces eran utilizadas como bodegas. En cuanto al
manantial de aguas medicinales, conocido como de la
Fuente del Toro, se sabe de su existencia desde 1697,
que empiezan a documentarse gracias a la cantidad de
visitantes que se acercan a probar sus aguas.
Historia
/ Siglos XIX y XX
La
historia nos habla de El Molar por el paso en Julio
de 1808 de las tropas napoleónicas para conquistar
la península Ibérica. Se ceban con la
población durante la guerra de la Independencia,
cuando José I se retiró de Madrid. En
1823 el general Zayas pone su cuartel general en la
villa para hacer frente al ejercito francés de
Los cien mil hijos de San Luis , estos dos
hechos históricos lo más significativo
del siglo XIX en el Molar.
Por lo demás, en
el siglo XIX el municipio apenas sufrió cambios.
Se cree que vivían unas 1150 personas con una
economía de cereales, leguminosas y ganado lanar.
La industria era escasa, contaba con un molino harinero,
una tejería y una arrieria. La actividad comercial
constaba de tres tiendas de paños, algunos puestos
de vino y comestibles, así como la exportación
de los llamados por los coetáneos de la época
frutos sobrantes e importación de pieles, calzados
y demás artículos de que carece la población.
Pero también por
su cercanía a la importante vía de comunicaciones
(camino Madrid Francia)El Molar se convirtiera,
desde finales del siglo XIX en uno de los principales
centros comerciales de la sierra norte Madrileña,
a donde acudían a abastecerse las pequeñas
poblaciones de los alrededores, adquiriendo así
la villa riqueza y desarrollo.
La tipología urbana
es cada vez más compleja, compuesta de casas
más modernas, un ayuntamiento, la cárcel
, dos hospederías y un parador para diligencias.
La plaza Mayor o de la Constitución quedó
totalmente terminada y el balneario de la Fuente del
Toro era visitado con asiduidad. Fue ya a finales del
siglo cuando comienzan las construcciones del Canal
de Isabel II formando una compleja red de acueductos,
sifones y almenaras.
En
el primer tercio del siglo XX, el municipio recibe la
visita de grandes personalidades buscando las aguas
milagrosas y veraneando en el municipio y el Molar alcanza
su periodo de máxima prosperidad. Truncado sin
duda por los estragos de la Guerra Civil que no sólo
termina con el Balneario y la ermita, sino que diezmó
la población. Un breve periodo de inestabilidad
que fue restablecido con normalidad en la época
franquista. Desde entonces las labores de reconstrucción
y la repoblación del municipio han convertido
el Molar en un municipio cargado de encanto que, aunque
continúa con las labores agrícolas y ganaderas
de antaño, ha sabido adaptarse a las exigencias
de la época y los tiempos actuales. De sus adentros
han surgido tradiciones, cultura, fiestas y una identidad
propia que merece ser estudiada en profundidad. También
personajes distinguidos en la historia de España
son oriundos de sus calles. Sirva como ejemplo su hijo
el médico D. Carlos Jiménez Díaz,
que aún ennoblece con su nombre y aportación,
la citada población ya que su madre es natural
de El Molar. También sirve como ejemplo los hermanos
Gabriel (Pedro y Ramón) siendo este último
concejal de obras del ayuntamiento de Madrid, o Germán
Ortega seis veces campeón de España de
tiro durante el periodo de Alfonso XIII